lunes, 12 de enero de 2015

REFORMADO DEL “KEYBOARD”



Por Fares Palacios

Internet es al siglo XXI en Occidente, lo que la imprenta fue al siglo XVI en Europa. La Red se ha vuelto el principal medio de propagación de ideas de todo tipo. La autopista cibernética no deja de ampliarse y de seguir recibiendo a nuevos usuarios.

Sin duda alguna, conociendo de antemano que el “cyber” espacio puede ser usado para desatar las más impúdicas conductas humanas, y promover abominables herejías, también hemos de reconocer que ha sido en los últimos años un medio eficaz para propagar la preciosa y gloriosa del Evangelio sin las barreras nacionales, de modo que una persona que esté en Tokio, puede leer lo que alguien escribe en Caracas, y lo que alguno escribe en Cochabamba puede ser leído por alguien que esté en Seúl.

Por años hemos visto los interminables debates y controversias teológicas, la publicación y promoción de buena literatura cristiana, videos con sermones explosivos cargados de la fe histórica y bíblica que los calvinistas ciertamente amamos. Empero, amén de estas cosas, una más detallada observación de la reforma que acaece en América Latina, revela en ciertos sectores, algunas deficiencias que nos deben llevar no solo a la lógica reflexión, sino más bien a la acción.

Me refiero al hecho de que tenemos a un buen número de jóvenes reformados que si bien es cierto, se han vuelto expertos en los temas cardinales de la fe histórica, cosa que es muy buena, han dejado ver, en no pocas situaciones, que su nivel de preparación intelectual no va acorde con la piedad, o la praxis teológica. Tenemos a valientes reformados de “Keyboard”, detrás de la pantalla de un computador, viviendo una teología virtual, pero no han llegado a la aplicación de tan valioso raudal de conocimiento.

Esto tiene serias implicaciones. Algunos de estos hombres disertan con buena intención, por ejemplo, sobre el matrimonio, la familia, y la iglesia. Sin embargo, no tienen familias qué sostener, no saben qué es el matrimonio y otros no congregan de ninguna manera. Y, aunque ciertamente no estoy afirmando que alguien sin familia y cónyuge, no puede enseñar sobre estos temas, puesto que tiene el imperio de la Palabra del SEÑOR, hay autoridad en enseñar sobre algo que se vive. Un esposo y padre puede enseñar con profundidad sobre el matrimonio y los hijos, y entender asuntos que de otra forma no podría.

Ahora bien, referente a los asuntos de iglesia, me preocupan sobremanera aquellos que hablan de eclesiología, de iglesias saludables, “frase que está de moda”, enseñan sobre la iglesia bíblica, pero no congregan en una, o permanecen en congregaciones que le han dado la espalda a la Escritura, de manera que no tienen idea de cómo es una iglesia que adora según el principio rector de la adoración, y está bajo el cuidado de pastores piadosos.

La Reforma no se trata solo de modificar o adaptar un sistema teológico por otro mejor, es mucho más que esto. Las doctrinas de la gracia deben trastornar nuestra vida de tal forma que sea evidente que algo ha sucedido, de que en realidad hemos sido regenerados, y vivimos conforme a la fe que justifica al pecador.

Por otra parte, no se trata de migraciones de cristianos de otras denominaciones a la nuestra, se trata más bien de un despertar a la obediencia radical a la Biblia, una humillación extrema que proviene de contemplar nuestra herrumbre, frente a la prístina belleza del Dador de la Vida, del resplandor de la gloria de Dios que produce necesariamente un intenso deseo de comunicar de manera incontenible lo que hemos visto, y oído con nuestros ojos, a aquellos que no han escuchado nunca del Salvador del mundo.

La Reforma no se trata solo de tomar la senda confesional, sino que implica imitar la fe de estos hombres, pastores, misioneros, teólogos y profesores que encendieron la llama de la pasión por las Escrituras, tomando nosotros sus propios calzados, y empezando a recorrer cada caserío, pueblo, y ciudad de nuestra nación anunciando con urgencia el Evangelio del Reino de nuestro SEÑOR, llamando a todos los hombres al arrepentimiento, tal como ellos en el pasado lo hicieron. Esto implica salir de la comodidad del computador, de la comodidad de la casa, esto significa ir.

Paralelo a esto, he recibido muchos correos de amados hermanos con intensos deseos de conocer nuestra iglesia en Caracas, haciendo muchas preguntas. Sin embargo, viven tan lejos de la Capital que se hace dificultoso poder visitarnos regularmente, ellos aman a Dios, han reformado su teología y desean vivirla al máximo, ¿Qué se debe hacer en estos casos? De ninguna manera hacer lo que otros hacen permaneciendo detrás del computador, pero si lo que nuestros padres reformadores hicieron, lo mismo que hicieron los apóstoles, llenarlo todo del Evangelio y predicar a los pecadores, orar que el SEÑOR junte a sus escogidos, y establecer nuevas iglesias reformadas particulares en cada localidad, con la ayuda de hermanos maduros en la fe, de otras iglesias ya constituidas que pueden orar y velar por estos esfuerzos.

Son los pobladores cristianos y reformados de estos lugares, los que deben en primera instancia encender la llama del Evangelio de la Gracia. A ellos les ha sido entregada su comunidad para ser sal y luz, ellos son responsables por todas estas personas que les rodean.

Permaneciendo solo detrás del computador difícilmente lo llenaremos todo del Evangelio. Debemos usar la Red para propagar la verdad, la gracia, a Jesucristo si, la sana doctrina. Empero, hay cientos de miles de personas que no tienen acceso a internet, aunque usted no lo crea, miles por los cuales Cristo murió, y que están esperando que verdaderos cristianos, llenos del Espíritu Santo, toquen a la puerta de su casa y proclamen el Evangelio de nuestro SEÑOR.

No basta una Reforma de “Keyboard”, es menester la acción que es fruto de una verdadera convicción. Si estamos convencidos de que aquello que predicamos es verdad, no dejaremos de hablar intensamente de aquello que ocupa nuestros pensamientos, y sentimientos, no solo detrás del computador, sino también en casa, en la comunidad, con los vecinos y conocidos, en poblaciones vecinas, aldeas lejanas; con toda persona que Dios tenga a bien cruzar en tu camino.

Ruego al SEÑOR que aquellos que están siendo despertados al cristianismo histórico, incluso aquellos que lo han sido leyendo este Blog, entiendan la vigencia y urgencia del mandato del SEÑOR de ir y hacer discípulos a todas las Naciones, que somos llamados, teniendo un precioso tesoro, a romper los cerrojos del infierno, a libertar a los cautivos, a presentar defensa de la fe, a contender ardientemente por el Evangelio que hemos recibido de pura gracia, a hablar de tal forma que no quede un solo lugar en que no hayan escuchado la Buena Nueva en su pureza, sin añadidos, sin formulas de repetición de oraciones, de necesidad de obras de la Ley, de esfuerzos humanos, sino que proclamen la bendita justicia de Cristo, que los pecadores solo podrán ser salvados por la fe sola en Jesucristo, porque justificados por la fe, y solo por la fe, tendrán estos la paz con Dios.

Por último, si eres un reformado de “Keyboard”, es menester que las doctrinas que has abrazado, empieces a vivirlas con intensidad, necesitas una iglesia local donde servir y estar bajo autoridad, y si no hay una iglesia cerca, orar, y predicar el Evangelio con urgencia para que el mismo SEÑOR junte a Su Pueblo en esa localidad y en Su tiempo, poder ver una nueva iglesia reformada constituida, adorando a Cristo y cumpliendo la Gran Comisión, anunciando el Evangelio a todos los hombres, haciendo discípulos, bautizándolos y enseñándoles la doctrina pura, santa y preciosa que el SEÑOR Jesucristo nos dejó. 

Nota: La palabra en inglés para "Keyboard" es equivalente para la nuestra, en castellano, para tablero, el mismo que usamos para escribir en el computador. 

© Por Fares Palacios. Bautista Reformado. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

jueves, 24 de julio de 2014

¿Estás preparado para oír la voz de Cristo?

Millones de cristianos alrededor del mundo se congregan cada domingo en una iglesia local donde la Palabra de Dios es predicada. ¿Estarán conscientes del enorme privilegio y la enorme responsabilidad que eso implica? Hablando en el capítulo 2 de lo ocurrido con esos gentiles que habían creído en el evangelio, Pablo dice en los versículos 17 y 18:

“Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”. 

¿Quién fue el que vino a los gentiles en Éfeso y les anunció las buenas nuevas de salvación? El contexto revela claramente que Pablo se refiere a Cristo. Pero ¿cuándo Cristo hizo eso? Porque Él nunca salió de los contornos de la Palestina durante Su ministerio terrenal. Respuesta: Cuando los apóstoles y otros predicadores fueron a Éfeso y predicaron el evangelio con el poder del Espíritu Santo.

Cuando la Palabra de Cristo es expuesta correctamente, y el evangelio es fielmente proclamado, es la voz de Cristo mismo la que llama a los hombres a la fe y al arrepentimiento. Nosotros no somos más que Sus embajadores, que en nombre de Él llamamos a los hombres a la reconciliación.: “Así que somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2Cor. 5:20).

Es en el nombre de Cristo que proclamamos este evangelio, es en Su nombre que llamamos a los pecadores al arrepentimiento, es Su voz la que obra en el corazón de los hombres por medio de la predicación de la Palabra.

Pablo dice en Rom. 10:17 “que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Noten que allí no dice que la fe es por el oír la Palabra de Dios, sino que la fe proviene de oír, y ese oír ocurre a través de la Palabra de Dios. Tenemos que oír algo para poder tener fe, y ese algo solo será oído a través de la exposición de la Palabra. Pero ¿qué es eso que debemos oír para que podamos ejercer fe? La respuesta nos la da el mismo pasaje. Pablo dice en el vers. 14: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”
En nuestras versiones RV60 la segunda pregunta es formulada: “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?” Pero lo que el texto dice literalmente es: “¿Y cómo creerán en aquel a quien no han oído?” Para creer en Cristo el hombre tiene que escuchar la voz de Cristo.

Lean con atención este pasaje de Juan 10: “De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Más el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Más al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños… También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor… Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Jn. 10:1-5, 16, 27).

Nadie creerá en Cristo a menos que escuche la voz de Cristo; y nadie puede escuchar la voz de Cristo a no ser a través de la sana predicación de Su Palabra. Así que no es cosa ligera lo que ocurre cada domingo en las Iglesias de Cristo.  Dios se hace presente en el culto de adoración y la voz de Su Hijo es escuchada cuando Su Palabra es fielmente expuesta. Como alguien ha dicho: “Aquellos que rechazan el evangelio no están rechazando al predicador que lo trae, sino al Hijo de Dios mismo”.

Dice el Señor en Lc. 10:16: “El que a vosotros oye, a mi me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió”. ¡Cuánta atención debemos poner a la Palabra de Dios predicada por aquellos a quienes El ha llamado!

El predicador tiene sobre sus hombros una enorme responsabilidad: traspasar fielmente la mente de Cristo a través de la exposición de Su Palabra. Pero los que escuchan tienen también una enorme responsabilidad cuando esa Palabra es fielmente expuesta: atender a la predicación como si fuese a la voz del mismo Cristo. ¡Que el Señor prepare nuestros corazones para poner toda diligencia en escuchar, atesorar y poner en práctica la Palabra que escucharemos en Su día!

Ps. Sugel Michelén