jueves, 24 de julio de 2014

¿Estás preparado para oír la voz de Cristo?

Millones de cristianos alrededor del mundo se congregan cada domingo en una iglesia local donde la Palabra de Dios es predicada. ¿Estarán conscientes del enorme privilegio y la enorme responsabilidad que eso implica? Hablando en el capítulo 2 de lo ocurrido con esos gentiles que habían creído en el evangelio, Pablo dice en los versículos 17 y 18:

“Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”. 

¿Quién fue el que vino a los gentiles en Éfeso y les anunció las buenas nuevas de salvación? El contexto revela claramente que Pablo se refiere a Cristo. Pero ¿cuándo Cristo hizo eso? Porque Él nunca salió de los contornos de la Palestina durante Su ministerio terrenal. Respuesta: Cuando los apóstoles y otros predicadores fueron a Éfeso y predicaron el evangelio con el poder del Espíritu Santo.

Cuando la Palabra de Cristo es expuesta correctamente, y el evangelio es fielmente proclamado, es la voz de Cristo mismo la que llama a los hombres a la fe y al arrepentimiento. Nosotros no somos más que Sus embajadores, que en nombre de Él llamamos a los hombres a la reconciliación.: “Así que somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2Cor. 5:20).

Es en el nombre de Cristo que proclamamos este evangelio, es en Su nombre que llamamos a los pecadores al arrepentimiento, es Su voz la que obra en el corazón de los hombres por medio de la predicación de la Palabra.

Pablo dice en Rom. 10:17 “que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Noten que allí no dice que la fe es por el oír la Palabra de Dios, sino que la fe proviene de oír, y ese oír ocurre a través de la Palabra de Dios. Tenemos que oír algo para poder tener fe, y ese algo solo será oído a través de la exposición de la Palabra. Pero ¿qué es eso que debemos oír para que podamos ejercer fe? La respuesta nos la da el mismo pasaje. Pablo dice en el vers. 14: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”
En nuestras versiones RV60 la segunda pregunta es formulada: “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?” Pero lo que el texto dice literalmente es: “¿Y cómo creerán en aquel a quien no han oído?” Para creer en Cristo el hombre tiene que escuchar la voz de Cristo.

Lean con atención este pasaje de Juan 10: “De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Más el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Más al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños… También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor… Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Jn. 10:1-5, 16, 27).

Nadie creerá en Cristo a menos que escuche la voz de Cristo; y nadie puede escuchar la voz de Cristo a no ser a través de la sana predicación de Su Palabra. Así que no es cosa ligera lo que ocurre cada domingo en las Iglesias de Cristo.  Dios se hace presente en el culto de adoración y la voz de Su Hijo es escuchada cuando Su Palabra es fielmente expuesta. Como alguien ha dicho: “Aquellos que rechazan el evangelio no están rechazando al predicador que lo trae, sino al Hijo de Dios mismo”.

Dice el Señor en Lc. 10:16: “El que a vosotros oye, a mi me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió”. ¡Cuánta atención debemos poner a la Palabra de Dios predicada por aquellos a quienes El ha llamado!

El predicador tiene sobre sus hombros una enorme responsabilidad: traspasar fielmente la mente de Cristo a través de la exposición de Su Palabra. Pero los que escuchan tienen también una enorme responsabilidad cuando esa Palabra es fielmente expuesta: atender a la predicación como si fuese a la voz del mismo Cristo. ¡Que el Señor prepare nuestros corazones para poner toda diligencia en escuchar, atesorar y poner en práctica la Palabra que escucharemos en Su día!

Ps. Sugel Michelén

domingo, 10 de marzo de 2013

Tiempos Peligrosos




Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, (10) para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo (Fil 1:9-10)

Uno de los males del cristianismo de este tiempo es precisamente la falta de discernimiento. Tal vez porque no se enseña a discernir y en otros sectores porque a algunos no les conviene enseñar a discernir. La falta de discernimiento nos impide arraigarnos en las verdades de la Biblia.

Se dice que uno de los valores de la democracia es la tolerancia. La democracia es el gobierno del pueblo. En este sistema, el pueblo dice qué se hará. En este marco, tolerancia es el respeto a las ideas, creencias y prácticas de los demás, que son diferentes a las nuestras.

La tolerancia es buena y quiero sobre todo enfatizar que nadie puede agredir físicamente a otro porque no le tolera; nadie tiene derecho a lastimar a otro por pensar o ser diferente.

Pero en lo que tiene que ver con el evangelio, la tolerancia no existe. El evangelio, en sí, es intolerante. No estoy hablando de las apariencias: si hemos de usar corbata o no. Cuando visito una iglesia para predicar, yo pregunto lo básico en cuanto al vestido, para mí este aspecto no es esencial pero me gusta adaptarme para no ofender a los hermanos. En esto y muchas otras áreas podemos negociar.

Con la comida: Pablo menciona que unos comen de todo; algunos hacen diferencia entre un día y otro. El que come, no juzgue al que no come… todo esto se puede negociar. En algunas iglesias me han pedido no orar en lenguas desde el púlpito, o no diga esto o aquello. Existen lugares donde no aplauden, iglesias con una alabanza muy solemne, ahí no me pondré a aplaudir ni a “emocionarme demasiado”.

Pero hay un límite. Hay aspectos que no podemos negociar (y aún en estas áreas no negociables, la agresión física no tiene cabida. Cuando están arrestando a Jesús y Pedro sacó la espada. Jesús reprendió a Pedro por su intolerancia y violencia física).
 
En cuanto a los aspectos no negociables, por ejemplo, está el ecumenismo. Este es el intento de unir a todas las religiones. “todos nos reunimos como hermanos, como hijos de Dios… unos le llaman Jehová, otros Jesús, otros Buda y otros Miranda”.

Ante esto, el cristianismo bíblico es intolerante. ¿Qué comunión tienen la luz con las tinieblas?. La Biblia establece claramente que solo hay un único Dios y que el único camino a la salvación es a través de Jesucristo.

Bush, tristemente, expresó hace poco que él ora a Dios y que es el mismo dios de los índus … NO, NO ES EL MISMO. Juan 14.6 dice que él es la verdad y la vida, el camino: esta es una verdad intolerante

El que tiene a Jesús, tiene al Padre – esta es otra verdad intolerante.

Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad (4) está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras (1Ti 6:3-4)

Esto es otro estipulado “intolerante”.

La constitución política es una carta magna en la que los artículos se acomodan de acuerdo a la cultura. La van “ajustando”, así por tanto, en el Distrito Federal ya permiten la unión entre lesbianas y homosexuales, igual que el aborto. Según ellos “para actualizarse y estar al nivel como en Estado Unidos y Europa”. (¿Si esto es estar a nivel?, ¿verdad?).

Sin embargo, la palabra de Dios no se actualiza, no se enmienda. Es la misma hoy y siempre. Jeremías 6:16 habla de volver a las sendas antiguas. A las que fueron, hoy son y serán.

La palabra de Dios no es “elástica” para acomodarla a nuestras ideas o cultura.

“El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasará” (Mat 24:35)

La Palabra no pasa de moda, no se envejece ni pierde eficacia. No perece, es incambiable en medio de los tiempos cambiantes, es innegociable, es imposible que Dios ceda a las ideas modernas de la cultura.

En diversas épocas de la historia, muchos cristianos han dado su vida por no negociar las escrituras. Palabra que defendieron hasta la muerte. Cuando le dijeron a Lutero que se retractara o le cortarían la cabeza, él se mantuvo en sus convicciones y dijo: “si tuviera 1.000 cabezas, 1.000 cabezas me dejaría cortar”.

A Policarpo también le ofrecieron “negociar” y perdonarle la vida si negaba a Jesús. El contestó: “80 años de mi vida Jesús ha sido bueno conmigo, no lo puedo negar ahora”.

Estebán murió luego de su primer sermón. No negoció su convicción de que Jesús sí era el Mesías.
En el libro de Hechos se nos relata de “los de Berea”:

Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. (Hec 17:11)
Ellos discernieron, buscaron, estudiaron para ver si era como Pablo les enseñaba.

Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento (Fil 1:9)

En ciencia: Conocimiento exacto, conocimiento total. En este caso, conocimiento exacto y total de la palabra de Dios.

Y en todo conocimiento: en el original se refiere a discernimiento. Pablo ora para que el amor abunde con conocimiento y discernimiento, que supieran distinguir entre lo bueno y lo malo. No oró por más dinero ni riquezas.

 http://casadeoracionmexico.info/blog/

martes, 4 de diciembre de 2012

El significado verdadero de la Navidad





Por el Pastor John Macarthur.


Para muchos, la Navidad es un tiempo para pensar en Jesucristo como un bebé en un pesebre. Ciertamente el nacimiento de Cristo es un acontecimiento especial y milagroso, mas no es ese el foco principal. La verdad central de la historia de Navidad es ésta: El Niño de la Navidad es Dios.
Dios en un Pesebre
La Navidad no se trata de la infancia del Salvador; se trata de Su deidad. El nacimiento humilde de Jesucristo no pretendió jamás encubrir la realidad de que Dios había nacido en el mundo.  

Pero la versión de la Navidad del mundo moderno hace justamente eso. Y consecuentemente para la mayor parte de la humanidad, la Navidad no tiene significado legítimo en absoluto.

No espero que alguien alguna vez pueda entender totalmente lo que significa para Dios haber nacido en un pesebre. ¿Cómo puede uno explicar al Todopoderoso convertido en un infante diminuto? Nuestras mentes no pueden entender lo que implica para Dios volverse un hombre, mucho menos cómo podría Él convertirse en un bebé. Pero él lo hizo. Sin abandonar Su naturaleza divina, sin minimizar Su deidad, él nació en nuestro mundo como un infante diminuto.

Él fue totalmente humano, con todas las necesidades y las emociones que son comunes a todos nosotros. Pero él fue también completamente Dios, todo sabio y todo poderoso.

Por casi dos mil años, el debate sobre quién es Jesús realmente ha sido constante. Las sectas y los escépticos han ofrecido explicaciones diversas: dicen que él es un dios de tantos, un ser creado, un ángel elevado, un buen maestro, un profeta, etcétera. El hilo común de todas esas teorías es que hacen a Jesús menos que Dios. Pero la prueba bíblica es apabullante: este niño en el pesebre es la encarnación de Dios.

Un pasaje en particular, escrito por el apóstol Pablo, capta el ser de la naturaleza divina de Jesús y acentúa las verdades que hacen de la Navidad algo maravilloso.

Colosenses 1:15-20 dice,

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz) 

¿Una Ilusión fantasmal?

Pablo les escribía a los cristianos en Colosas. La ciudad estaba bajo la influencia de lo qué llegó a ser conocido como el gnosticismo. Sus adherentes creían ser los únicos que tenían acceso a la verdad, y creían que la verdad era tan complicada que la gente común no la podría conocer. Entre otras cosas, los gnósticos enseñaban el dualismo filosófico, la idea que la materia es mala y el espíritu es bueno. Creían que puesto que Dios es espíritu, él es bueno, pero él nunca podría hacerse materia, lo cual es malo.

Por esto también concluyeron que Dios no podría ser el creador del universo físico, porque si Dios se hizo materia, él sería responsable del mal. Y enseñaron que Dios nunca podría convertirse en un hombre porque, como hombre, él tendría que morar en un cuerpo hecho de materia maligna.

Aquellos pre gnósticos no creían la encarnación y afirmaban por ello que Jesús fue un buen ángel cuyo cuerpo humano fue sólo una ilusión. Esta enseñanza y otras semejantes se extendieron en tiempos de la iglesia primitiva; muchas de las epístolas del Nuevo Testamento refutan específicamente las ideas pre gnósticas. De hecho el apóstol Juan atacó el fundamento de la enseñanza gnóstica cuando escribió: “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios” (1 Juan 4:2-3).

El apóstol Pablo refutó esa misma herejía cuando escribió, “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.” (1:16). Él específicamente afirmó que Jesús es Dios en carne y hueso, el Creador de todo.

De Tal Padre Tal Hijo

Irónicamente, algunas sectas que niegan la deidad de Jesús tratan de usar Colosenses 1:15 20 para apoyar su perspectiva. Sugieren, por ejemplo, que la frase “la imagen del Dios invisible” (v. 15) da a entender que Jesús fue meramente un ser creado que portó la imagen de Dios en el mismo sentido que toda la humanidad. Pero la verdad es que aunque fuimos creados en la semejanza de Dios, sólo nos parecemos a él.  Jesús, por otra parte, es la imagen exacta de Dios.

La palabra griega traducida “imagen” significa una copia perfecta, una copia precisa, un duplicado. Pablo decía que Dios mismo está completamente manifiesto en la persona de Su Hijo, quien es nada menos que Jesucristo. Él es la imagen exacta de Dios. Jesús Mismo dice: “el que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).

Hebreos 1, por su parte, hace un paralelo con Colosenses 1:15-20 en varios puntos cruciales. Sobre la declaración de que Cristo es la imagen de Dios, por ejemplo, Hebreos 1:3 hace una afirmación idéntica: “siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia“. Cristo es para Dios como el brillo cálido de la luz lo es para el sol. Él trae a Dios de una posición cósmica a los mismos corazones de los hombres y mujeres. Él da luz y vida. Él revela el mismo ser de Dios. No pueden estar divididos, y ni uno ni otro alguna vez han existido sin el otro, sino que son uno (Juan 10:30).

La Sagrada Escritura repetidamente dice que Dios es invisible (Juan 1:18; 5:37; 1 Timoteo 1:17;  Colosenses 1:15). Pero a través de Cristo el Dios invisible ha sido hecho visible. El parecido completo de Dios se trasluce en él. Colosenses 1:19 toma la verdad un paso más allá: “por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud”. Él no es simplemente un contorno de Dios; Él es totalmente Dios. Colosenses 2:9 es aún más explícito: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad“. Nada le falta. Ningún atributo está ausente. Él es Dios en el sentido más completo posible, la imagen perfecta.

El Heredero Legal

En Colosenses 1:15 Pablo dice que Jesús es: “el primogénito de toda creación“. Aquellos que niegan la deidad de Cristo le han dado mucha importancia a esa frase, asumiendo que esta significa que Jesús fue un ser creado. Pero la palabra traducida “primogénito” describe el rango de Jesús, no Su origen. El primogénito en una familia hebrea era el heredero, el de mayor categoría, el que tenía el derecho de la herencia. Y en una familia real, él tuvo el derecho de gobernar.

Así es que Cristo es el que hereda toda la creación y el derecho para predominar sobre ello. No quiere decir primer nacido en orden, porque no lo fue.

En el Salmo 89:27 Dios dice de David: “Yo también le pondré por primogénito, El más excelso de los reyes de la tierra”. Allí el significado de “primogénito” es dado sin rodeos: “Lo más excelso de los reyes de la tierra”. Eso es lo que significa primogénito: Cristo es “Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 17:16).

Hebreos 1 de nuevo tiene una declaración paralela. El verso dos dice que Dios ha señalado a Su Hijo “heredero de todas las cosas”. Él es el Primero, el Hijo de Dios que tiene el derecho a la herencia, la Persona de mayor categoría, el Señor de todo, heredero de toda creación.

El Creador y el Rey

La afirmación de que “primer nacido” significa que Cristo es un ser creado ignora completamente el contexto de Colosenses 1:15. Recuerde, usted ya ha visto en los versos 16-17 que Cristo es explícitamente nombrado el Creador de todo. Cristo no es parte de la creación; Él es el Creador, el mismo brazo de Dios, activo desde el principio al llamar a la existencia al universo y a todas las criaturas. Juan 1:3 dice: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Eso no podría ser cierto si él fuera por Sí mismo un ser creado.

Hebreos 1:2 también identifica a Cristo como el Creador. Cristo es la Persona de la Trinidad a través de la cual el mundo se hizo y para quién se le dio forma.

El tamaño del universo es incomprensible. ¿Quién lo hizo así? Algunos científicos dicen que hubo una explosión grande que eventualmente formó un pantano primario y… la Ciencia no lo puede explicar.

Mas Dios creó todo.

¿Quién?

El bebé de Belén. Él hizo todo.

sábado, 10 de noviembre de 2012

La vieja y la nueva cruz

Por A.W. Tozer 

Sin anunciar y casi sin ser detectada, ha entrado en el círculo evangélico una cruz nueva en tiempos modernos. Se parece a la vieja cruz, pero no lo es; aunque las semejanzas son superficiales, las diferencias son fundamentales. Mana de esa nueva cruz una nueva filosofía acerca de la vida cristiana, y de aquella filosofía procede una nueva técnica evangélica, con una nueva clase de reunión y de predicación. Ese evangelismo nuevo emplea el mismo lenguaje que el de antes, pero su contenido no es el mismo como tampoco lo es su énfasis.

La cruz vieja no tenía nada que ver con el mundo, para la orgullosa carne de Adán, significaba el fin del viaje. Ella ejecutaba la sentencia impuesta por la ley del Sinaí. En cambio, la cruz nueva no se opone a la raza humana; antes al contrario, es una compañera amistosa y, si es entendida correctamente, puede ser fuente de océanos de diversión y disfrute, ya que deja vivir a Adán sin interferencias. La motivación de su vida sigue sin cambios, y todavía vive para su propio placer, pero ahora le gusta cantar canciones evangélicas y mirar películas religiosas en lugar de las fiestas con sus canciones sugestivas y sus copas. Todavía se acentúa el placer, aunque se supone que ahora la diversión ha subido a un nivel más alto, al menos moral aunque no intelectualmente.

La cruz nueva fomenta un nuevo y totalmente distinto trato evangelistico. El evangelista no demanda la negación o la renuncia de la vida anterior antes de que uno pueda recibir vida nueva, predica no los contrastes, sino las similitudes; intenta sintonizar con el interés popular y el favor del público, mediante la demostración de que el cristianismo no contiene demandas desagradables, antes al contrario, ofrece lo mismo que el mundo ofrece pero en un nivel más alto. Cualquier cosa que el mundo desea y demanda en su condición enloquecida por el pecado, el evangelista demuestra que el evangelio lo ofrece, y el género religioso es mejor.
La cruz nueva no mata al pecador, sino que le vuelve a dirigir de nuevo en otra dirección. Le asesora y le prepara para vivir una vida más limpia y más alegre, y le salvaguarda el respeto hacia sí mismo, es decir, su “auto-imagen” o la “opinión de sí mismo”. Al hombre lanzado y confiado le dice: “Ven y sé lanzado y confiado para Cristo”. Al egoísta le dice: “Ven y jáctate en el Señor”. Al que busca placeres le dice: “Ven y disfruta el placer de la comunión cristiana”. El mensaje cristiano es aguado o desvirtuado para ajustarlo a lo que esté de moda en el mundo, y la finalidad es hacer el evangelio aceptable al público.
La filosofía que está detrás de esto puede ser sincera, pero su sinceridad no excusa su falsedad. Es falsa porque está ciega. No acaba de comprender en absoluto cuál es el significado de la cruz.
La cruz vieja es un símbolo de muerte. Ella representa el final brutal y violento de un ser humano. En los tiempos de los romanos, el hombre que tomaba su cruz para llevarla. ya se había despedido de sus amigos, no iba a volver, y no iba para que le renovasen o rehabilitasen la vida, sino que iba para que pusiesen punto final a ella. La cruz no claudicó, no modificó nada, no perdonó nada, sino que mató a todo el hombre por completo y eso con finalidad. No trataba de quedar bien con su víctima, sino que le dio fuerte y con crueldad, y cuando hubiera acabado su trabajo, ese hombre ya no estaría.
La raza de Adán está bajo sentencia de muerte. No se puede conmutar la sentencia y no hay escapatoria. Dios no puede aprobar ninguno de los frutos del pecado, por inocentes o hermosos que aparezcan ellos a los ojos de los hombres. Dios salva al individuo mediante su propia liquidación, porque después de terminado, Dios le levanta en vida nueva.
El evangelismo que traza paralelos amistosos entre los caminos de Dios y los de los hombres, es un evangelio falso en cuanto a la Biblia, y cruel a las almas de sus oyentes. La fe de Cristo no tiene paralelo con el mundo, porque cruza al mundo de manera perpendicular. Al venir a Cristo no subimos nuestra vida vieja a un nivel más alto, sino que la dejamos en la cruz. El grano de trigo debe caer en tierra y morir.
Nosotros, los que predicamos el evangelio no debemos considerarnos agentes de relaciones públicas, enviados para establecer buenas relaciones entre Cristo y el mundoNo debemos imaginarnos comisionados para hacer a Cristo aceptable a las grandes empresas, la prensa, el mundo del deporte o el mundo de la educación. No somos mandados para hacer diplomacia sino como profetas, y nuestro mensaje, no es otra cosa que un ultimatum.
Dios ofrece vida al hombre, pero no le ofrece una mejora de su vida vieja. La vida que El ofrece es vida que surge de la muerte.Es una vida que siempre está en el otro lado de la cruz. El que quisiera gozar de esa vida tiene que pasar bajo la vara. Tiene que repudiarse a sí mismo y ponerse de acuerdo con Dios en cuanto a la sentencia divina que le condena.

¿Qué significa eso para el individuo, el hombre bajo condenación que quisiera hallar vida en Cristo Jesús? ¿Cómo puede esa teología traducirse en vida para él? Simplemente, debe arrepentirse y creer. Debe abandonar sus pecados y negarse a sí mismo. ¡Que no oculte ni defienda ni excuse nada! Tampoco debe regatear con Dios, sino agachar la cabeza ante la vara de la ira divina y reconocer que es reo de muerte.
Habiendo hecho esto, ese hombre debe mirar con ojos de fe al Salvador; porque de Él vendrá vida, renacimiento, purificación y poder.La cruz que acabó con la vida terrenal de Jesús es la misma que ahora pone final a la vida del pecador; y el poder que resucitó a Cristo de entre los muertos, es el mismo que ahora levanta al pecador arrepentido y creyente para que tenga vida nueva junto con Cristo.

A los que objetan o discrepan con esto, o lo consideran una opinión demasiada estrecha, o solamente mi punto de vista sobre el asunto, déjame decir que Dios ha sellado este mensaje con Su aprobación, desde los tiempos del Apóstol Pablo hasta el día de hoy. Si ha sido proclamado en estas mismísimas palabras o no, no importa tanto, pero sí que es y ha sido el contenido de toda predicación que ha traído vida y poder al mundo a lo largo de los siglos. Los místicos, los reformadores y los predicadores de avivamientos han puesto aquí el énfasis, y señales y prodigios y repartimientos del Espíritu Santo han dado testimonio juntamente con ellos de la aprobación divina.

¿Nos atrevemos, pues, a jugar con la verdad cuando somos conocedores de que heredamos semejante legado de poder? ¿Intentaríamos cambiar con nuestros lápices las rayas del plano divino, el modelo que nos fue mostrado en el Monte? ¡En ninguna manera!

“Prediquemos la vieja cruz, y conoceremos el viejo poder”.