jueves, 6 de octubre de 2016

Una Lucha entre Cosmoviciones

La Iglesia Bautista Reformada de Caracas (IBRC), Comenzó  una serie de escuela dominical donde se enseñarán algunos de los aspectos concernientes con ésta oscura era o tiempo en la cual estamos viviendo. Allí veremos de cerca el tema de la cosmovisión, la espiritualidad pagana, la agenda sexual pagana, la ingeniería social, la ideología de género, el neo-marxismo cultural y cómo es que nosotros vamos a evangelizar al mundo tomando en consideración todos esos elementos que forman parte de ésta cultura posmoderna.

“Hace casi dos mil años, en un oscuro rincón del Imperio Romano moría crucificado un reo acusado de sedición. Sus seguidores se dispersaron impotentes ante la decisión de las autoridades judías y romanas de dar fin a lo que fueron tres años de incesante prédica. Cincuenta años después, la doctrina del crucificado había trascendido las estrechas fronteras de su pueblo, y su mensaje se difundía por todo el imperio arrastrando multitudes. Ni la razón ni la fuerza pudieron contra el empuje de la nueva fe que terminó por minar el imperio; y se constituyó en el fundamento de lo que se dio a conocer como «Cultura Occidental y Cristiana». Ninguna civilización anterior tuvo la dinámica de esta, ni su respeto por la dignidad humana, la justicia y la libertad.

 Hoy esa cultura está en crisis. Este siglo se ha lanzado a un experimento que nunca antes el hombre intentó. Deslumbrado por las engañosas lumbreras de una libertad sin límites, el hombre occidental trata de edificar un mundo sin fe trascendente y sin valores absolutos. En el horizonte de su historia comienzan a emerger nuevamente, con distinta indumentaria, los viejos dioses paganos que huyeron en retirada, vencidos por el Cristo resucitado. Los ídolos que permanecieron encerrados en salas de museos parecen volver a cobrar vida. Los antiguos vicios del paganismo, antes condenados severamente, emergen otra vez y se defienden como baluartes de una «nueva moral», más flexible, comprensiva y permisiva que la anterior.

El problema de la culpa comienza a resolverse «científicamente» a través de modernas «religiones seculares» que confiesan y absuelven a los hombres en nombre de la modernidad de sus doctrinas. El modelo familiar es cuestionado y modificado, la dignidad del hombre es continuamente menoscabada. Se calcula que 50.000.000 de vidas son segadas anualmente antes de nacer, la función maternal es considerada inferior y la mujer pide el derecho a ser como el hombre. La religión es cada vez más relegada a lo formal, al punto que los hombres recurren a ella como un elemento folklórico. Por contraste, avanzan incontenibles el ocultismo, el hinduismo, el islamismo y todo culto esotérico. La tecnología y el avance científico se utilizan en forma ambivalente: Destruyendo y defendiendo a la vida en una contradicción que no resiste el menor análisis racional.


Paralelamente aumentan la angustia y el «sin sentido» de la vida que hacen brotar todo tipo de adicciones, violencia y desenfreno, consecuencia de un creciente mercado del desaliento que se agiganta progresivamente. Occidente está en crisis. Y tras esa crisis individual se ven afectadas las instituciones — familia, iglesia, gobierno—, que participan del mismo mal. ¿Qué le sucede a nuestra cultura occidental? ¿Qué sucede con nuestra civilización? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Cuál será el resultado de este alocado experimento? (cita de Salvador Delutri).

sábado, 13 de agosto de 2016

Poema

Mi  ruego



¡Oh Señor!, abrazarte para siempre
ligando fiel mi corazón al tuyo;
enlazandome a ti, sin distraerme
en los sombríos laberintos suyos

Comer sólo el maná de tus palabras ignorando la voz de mis instintos, siervos, en yugo que el pecado labra tras seducirlos en su cruel recinto.

Conociendo tu fuente inagotable, cuyas aguas resuelven mis desiertos, cual duna sedienta, igual de inestable, sigo recayendo hacia pozos muertos.

No quiero traicionarte y te traiciono. Deseando obedecerte, me rebelo.
Creyendo estar muy firme, me desplomo. Inútil vasija. Pedregoso suelo.

Con piedad infinita me demuestras  que mis nobles esfuerzos son vapor. Que mi ardiente faena es obra muerta; harapos indignos, sin ningún valor.

Del precario aposento en que se gesta, suba a ti, perpetuo, mi tenaz clamor; pues todo mi sustento está en tu diestra y no tengo otro amparo que tu Amor.



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jueves, 24 de julio de 2014

¿Estás preparado para oír la voz de Cristo?

Millones de cristianos alrededor del mundo se congregan cada domingo en una iglesia local donde la Palabra de Dios es predicada. ¿Estarán conscientes del enorme privilegio y la enorme responsabilidad que eso implica? Hablando en el capítulo 2 de lo ocurrido con esos gentiles que habían creído en el evangelio, Pablo dice en los versículos 17 y 18:

“Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”. 

¿Quién fue el que vino a los gentiles en Éfeso y les anunció las buenas nuevas de salvación? El contexto revela claramente que Pablo se refiere a Cristo. Pero ¿cuándo Cristo hizo eso? Porque Él nunca salió de los contornos de la Palestina durante Su ministerio terrenal. Respuesta: Cuando los apóstoles y otros predicadores fueron a Éfeso y predicaron el evangelio con el poder del Espíritu Santo.

Cuando la Palabra de Cristo es expuesta correctamente, y el evangelio es fielmente proclamado, es la voz de Cristo mismo la que llama a los hombres a la fe y al arrepentimiento. Nosotros no somos más que Sus embajadores, que en nombre de Él llamamos a los hombres a la reconciliación.: “Así que somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2Cor. 5:20).

Es en el nombre de Cristo que proclamamos este evangelio, es en Su nombre que llamamos a los pecadores al arrepentimiento, es Su voz la que obra en el corazón de los hombres por medio de la predicación de la Palabra.

Pablo dice en Rom. 10:17 “que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Noten que allí no dice que la fe es por el oír la Palabra de Dios, sino que la fe proviene de oír, y ese oír ocurre a través de la Palabra de Dios. Tenemos que oír algo para poder tener fe, y ese algo solo será oído a través de la exposición de la Palabra. Pero ¿qué es eso que debemos oír para que podamos ejercer fe? La respuesta nos la da el mismo pasaje. Pablo dice en el vers. 14: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”
En nuestras versiones RV60 la segunda pregunta es formulada: “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?” Pero lo que el texto dice literalmente es: “¿Y cómo creerán en aquel a quien no han oído?” Para creer en Cristo el hombre tiene que escuchar la voz de Cristo.

Lean con atención este pasaje de Juan 10: “De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Más el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Más al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños… También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor… Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Jn. 10:1-5, 16, 27).

Nadie creerá en Cristo a menos que escuche la voz de Cristo; y nadie puede escuchar la voz de Cristo a no ser a través de la sana predicación de Su Palabra. Así que no es cosa ligera lo que ocurre cada domingo en las Iglesias de Cristo.  Dios se hace presente en el culto de adoración y la voz de Su Hijo es escuchada cuando Su Palabra es fielmente expuesta. Como alguien ha dicho: “Aquellos que rechazan el evangelio no están rechazando al predicador que lo trae, sino al Hijo de Dios mismo”.

Dice el Señor en Lc. 10:16: “El que a vosotros oye, a mi me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió”. ¡Cuánta atención debemos poner a la Palabra de Dios predicada por aquellos a quienes El ha llamado!

El predicador tiene sobre sus hombros una enorme responsabilidad: traspasar fielmente la mente de Cristo a través de la exposición de Su Palabra. Pero los que escuchan tienen también una enorme responsabilidad cuando esa Palabra es fielmente expuesta: atender a la predicación como si fuese a la voz del mismo Cristo. ¡Que el Señor prepare nuestros corazones para poner toda diligencia en escuchar, atesorar y poner en práctica la Palabra que escucharemos en Su día!

Ps. Sugel Michelén